Cada vez que alguien nos escribe avisando que viene a Mendoza, la pregunta llega puntual: “¿dónde como?”. Esta guía es la respuesta que mandamos siempre, ordenada de más simple a más elaborado. Todo queda en el centro o a pocas cuadras, para resolver caminando.
El lomo, primero
Si hay un plato que define a Mendoza es el lomo: un sándwich generoso de carne, jamón, queso, huevo y tomate que acá se toma muy en serio. La discusión sobre cuál es el mejor de la ciudad no tiene fin —cada mendocino defiende el suyo— y la calle Arístides Villanueva concentra varios de los clásicos. Pedilo completo, con papas para compartir, y no planees hacer gran cosa después.
Mercado Central
En la esquina de Las Heras y Patricias Mendocinas, el Mercado Central es la opción de mediodía que más recomendamos: puestos de pizza al molde, empanadas mendocinas —de carne cortada a cuchillo, con aceituna—, sánguches y fiambres, todo a precio de vecino y con el movimiento de un mercado de verdad. Ideal para un almuerzo rápido antes de seguir paseando.
Pastas de las de antes
La Marchigiana es una institución: una trattoria familiar que lleva décadas haciendo pastas caseras y salsas que no cambiaron porque no hace falta. Es el lugar al que los mendocinos llevan a los abuelos los domingos, y eso, para nosotros, es la mejor reseña posible.
Para una comida especial
Si querés darte un gusto sin salir del centro, hay dos nombres que no fallan. Azafrán, sobre Sarmiento, cocina de producto con una carta de vinos enorme y sommeliers que la conocen de memoria: dejate recomendar. Y Fuente y Fonda va por el lado opuesto y igual de ganador: comida casera argentina en porciones para compartir, con milanesas que cuelgan del plato.
El postre no se negocia
En Mendoza el helado también es identidad. Soppelsa es la marca histórica —fundada por una familia que llegó de Italia hace un siglo— y tiene sucursales por todo el centro. El sabor que hay que probar: malbec con frutos rojos. Suena a truco para turistas, pero es buenísimo.
Datos que conviene saber
- Acá se cena tarde. Los restaurantes recién se llenan a partir de las 21:30. Si llegás a las 20, vas a cenar prácticamente solo.
- Reservá los fines de semana. Sobre todo en los lugares más conocidos y en época de Vendimia.
- A la siesta cierra casi todo. Entre el almuerzo y la cena muchas cocinas apagan el fuego. El Mercado Central y las heladerías te salvan en ese hueco.
- Pedí vino de la casa sin miedo. Estás en Mendoza: hasta el vino suelto de la jarra suele estar muy bien.
Con esto tenés resuelto un buen par de días de comidas en el centro. Cuando quieras dar el paso siguiente —almuerzos entre viñedos, menús de pasos en bodega—, eso ya es tema de otra guía.
